miércoles, 1 de agosto de 2018

El helado de vainilla de "El Águila de Toledo"

Hubo un tiempo en el que al Tour de Francia no era el circo mediático que conocemos hoy en día. Por aquel entonces, únicamente acudían a competir equipos nacionales que se completaban a través de una convocatoria de sus correspondientes federaciones. Los equipos privados, repletos de profesionales y a la vanguardia de la tecnología, que conocemos hoy en día (Sky, Movistar, Lotto...) eran algo impensable por aquel entonces.


Corría el año 1956 cuando un joven toledano, enrolado en la selección española, disfrutaba de su segunda aparición el la Grand Boucle. Federico Martín Bahamontes, que así se llamaba, era un corredor atípico en su época. Mientras que para el resto de los corredores su objetivo era la clasificación general, para él no. Para él su objetivo era demostrar que era el mejor escalador de su época. Su forma de correr fuese muy distinta a la de los grandes favoritos. Apenas la carretera se empinaba un poco, él se encargaba de torturar y someter al pelotón con su imparable ritmo infernal de ascensión. Arriesgaba mucho más de lo necesario, con largas cabalgadas en solitario buscando coronar los puertos más duros del Tour. No en vano, el Tour de Francia lo considera como el mejor escalador de su historia.

En una de sus innumerables escapadas, ascendiendo el Col de Romeyere -entre Lyon y Grenoble- junto a otros tres compañeros de fuga, el coche de apoyo de la selección suiza se acercó para dar orden a su corredor de no entrar a los relevos. Al acercarse, por unas carreteras que nada tienen que ver con las de ahora, el vehículo proyectó varias piedras sobre la rueda de Bahamontes, dañando severamente varios radios y los frenos. El ciclista toledano, no sólo no se inmutó, sino que además demarró y coronó la cima del puerto en solitario, con dos minutos de ventaja sobre sus rivales.

Una vez arriba, valoró el estado de los radios de su bici y decidió que era arriesgado bajar en esas condiciones. Sería correr demasiados riesgos. Así que, ni corto ni perezoso, mientras esperaba que el coche de asistencia del equipo español llegase para arreglar su maltrecha rueda y el freno, se acercó a un puesto de helados que había en la cima. Mediante signos, ya que no hablaba francés, pidió un helado de vainilla con dos bolas, que se comió tranquilamente mientras esperaba la llegada del coche de apoyo.


Gran parte del público y de la prensa francesa nunca supo la verdad de toda esta historia, ni mucho menos de la excentricidad y espontaneidad que acompañaron a Bahamontes durante toda su carrera. Así lo acusaron de prepotente, orgulloso, soberbio... aunque también hubo quien quedó entusiasmado e impresionado con su malentendida chulería.

En esa misma etapa, el gran Bahamontes, después de terminar su helado y arreglar su rueda, volvería a unirse al grupo cabecero y volvería a coronar el siguiente puerto en solitario. Aunque tanto esfuerzo le costaría una pájara con la que diría adiós a sus opciones en la general. Eso sí, el maillot de la montaña, su gran objetivo, fue suyo.

Años más tarde,en 1959, se convertiría en el primer ciclista español en ganar el Tour de Francia

sábado, 14 de abril de 2018

Zelko Obradovic, el arte de innovar

Entrenadores buenos hay muchos, pero entrenadores que marquen las diferencias muy pocos. El serbio Zeljko Obradovic es uno de ellos. Durante mucho tiempo fue criticado porque sus métodos se salían tanto de la norma que muchos colegas de profesión nunca llegaban a entenderlos. Pero ahora, transcurridas más de dos décadas desde su llegada a los banquillos de aquel Joventut de Badalona que conquistó el cetro europeo, pocos se atreven en poner en tela de juicio sus decisiones.


Sus inicios en España no fueron precisamente un camino de rosas. Llegaba a un club en el que debía sustituir al que por entonces era -junto a Aito García Reneses- probablemente el mejor entrenador español: Lolo Sáinz, al que acababa de derrotar en la final de la máxima competición europea. Y por si fuera poco, llegaba con la etiqueta de ex-convicto tras haber pasado una temporada entre rejas por haber atropellado a un peatón en Yugoslavia. 

Competidor nato, controlaba todos los aspectos del juego. Pero en el que fue un pionero en nuestro país, fue en el aspecto psicológico, donde fue un maestro para unos y un villano para otros. Una prueba de ello, fue sus primeros partidos contra rivales directos al título, como por aquel entonces eran el Tau baskonia y el Estudiantes. En ambos partidos, quedando un segundo y ganando holgadamente, pidió un tiempo muerto en los segundos finales. Buscó provocar a los rivales para calentar futuros envites y lo logró: "Lo lamento por el Joventut, porque ha pasado de tener un señor en el banquillo (Lolo Sáinz) a tener un expresidiario", le espetó el gran Manel Comas, entrenador del TAU, entrando al trapo. 

Sus entrenamientos se convertían en auténticas maniobras militares, en las que se medía al detalle los aspectos técnicos y tácticos del juego. "Yo no veo caras, ni nombres, ni sueldos" solía esgrimir. Reconoce que llegó a no dormir muchas noches pensado en los entrenamientos porque "si vas a entrenar y un jugador te pregunta algo y no tienes la respuesta adecuada, tienes un problema". Y la misma dedicación que practicaba, también la exigía a sus hombres. "No permite un despiste, ni siquiera en un entreno. Recuerdo broncas antológicas, no se trata de personalizar, lo hace con todos. Esa es la clave, tambien amonesta a la estrella porque no permite que nadie no esté al 100%" afirma su ayudante Izquierdo.


Su filosofía de juego comenzó a desterrar lo que muchos consideraban axiomas del deporte: " de participar nada, aquí lo que hay es que ganar. Pongo todos los medios a mi alcance para que mi equipo gane, pero no voy a variar mi filosofía: ganar, ganar y ganar". Incluso sus entrenamientos, que no exceden de hora y media a intensidad máxima, y suelen basarse en 5 vs 5 a media pista, constituyen otra innovación.

Y no debe de hacerlo mal porque, como dice Joe Arlauckas "cuando lo conoces y te entrena, lo matarías; cuando termina la temporada, matarías por él". Es más, sabe conjugar el palo y la zanahoria de forma magistral. Cuentan que cuando el Joventut se clasificó para su segunda final de la Copa de Europa, para distraerlos y que no pensasen en cómo habían perdido la primera en el último segundo, los mandó al zoo de Estambul. O cómo preparó la eliminatoria contra el Panathinaikos haciendo que sus jugadores del Fenerbace entrenasen con varios bafles metiendo ruido a todo trapo, sin que sus jugadores pudiesen escucharse entre ellos, imitando el ambiente que se iban a encontrar en Grecia. Y mal no le fue, pues ganó los dos partidos en Grecia.

Como bien recuerda el gran Felipe Reyes: "Se las sabe todas"

martes, 3 de abril de 2018

Cruyff y el fútbol callejero.

Decía el gran Johan Cruyff que el fútbol consistía básicamente en dos cosas: pasar correctamente la pelota cuando la tenemos y controlarla adecuadamente cuando nos la pasan. Sin embargo, estamos asistiendo a un momento en el que la calidad técnica del jugador de fútbol está menguando, cosa que Cruyff achaca al lugar en el que los jóvenes aprenden a jugar al fútbol.


Y es que antes la academia de fútbol más importante era la calle. Allí era donde se congregaban todos los jóvenes al salir de la escuela, del trabajo, para practicar su deporte favorito. Por las mañanas se estudiaba o se trabajaba, y por las tardes se jugaba. Daba igual que fuese una calle, una plaza o un parque, allá se jugaba con mochilas, piedras o abrigos como postes. No existían las categorías ni el profesionalismo y, salvo algunas excepciones, todos entrenaban a la misma hora. 

Las calles se convertían en campos de entrenamiento improvisados en donde los más pequeños aprendían de los mayores observando e imitando lo que éstos hacían. Siempre alguno de los mayores se quedaba con los más pequeños para enseñarle sus trucos, corregir sus errores y guiarles en su mejora, pero sin quitarles de hacer las cosas que les gustaban.

Para Cruyff, por mucho que evolucionen las teorías y los modelos pedagógicos, por mucho que se empeñen en convertir el fútbol en una ciencia exacta y predecible, a base de machacar con discursos tácticos y retórica de pizarra, la mejor escuela sigue siendo la transmisión oral y práctica a través de jugadores de distintas edades. De nada sirven los entrenadores que saben qué entrenar si luego no saben cómo hacerlo. O lo que es lo mismo, y antes pasaba en las calles, solo aquellos que son capaces de hacer una habilidad o destreza serán capaces de enseñarlo a sus pupilos. El resto no. Podrán enseñar cosas secundarias, pero lo esencial no.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Un vestuario galáctico

UN VESTUARIO GALÁCTICO

Cuando la dinámica de resultados no es la esperada la prensa enseguida carga las tintas y focaliza la presión sobre los hombros del entrenador y su equipo de ayudantes. En muchas ocasiones seguro que tienen gran parte de la culpa por sus planteamientos tácticos y/o la metodología empleada. Pero también es cierto que, en no pocas ocasiones, son los propios jugadores los que desafían al entrenador y, de alguna manera, "fuerzan" la situación. Vamos, lo que toda la vida se llamó hacer la cama.


El Real Madrid es un club que en los últimos años ha experimentado este tipo de situaciones. En la temporada 2004-2005 retornaba al club Jose Antonio Camacho, tras cinco años al frente de la selección española. Jugador de la casa, de raza y caracter, el día de su presentación decía que "vuelvo a mi casa" y "quiero un Real Madrid imparable".

Sin embargo, aquellas cosas quedaron en eso, en palabras. Un vestuario repleto de estrellas, con varios balones de oro y excesivamente contemplados por su presidente, chocó con la forma de ver el fútbol y los valores que pretendía implantar Camacho. Así, en el primer partido de la fase de grupos de la Champions League, estalló todo. Camacho sentó a Figo y Ronaldo en el 58, cuando ya el equipo perdía 3-0 ante el Bayer Leverkausen alemán. 

Con el barco en llamas, a los tres días visitaban al Espanyol en el estadio olímpico Lluis Companys. Camacho deja en el banquillo a Raul (que ese día ni jugó) y a Bechkam. Mientras daba la alineación alguno se reía, a lo que Camacho les soltó "ahora id a hablar con vuestros amiguitos de la prensa". Tras acabar el partido, Camacho dimitía.

Mientras Florentino Pérez sacaba la cara por los jugadores alabando su profesionalidad y sacrificio, Camacho se despedía como un caballero y sin airear los trapos sucios del vestuario. "El rendimiento del equipo no es el adecuado y, estando yo, no va a mejorarlo, por eso he decidido marcharme(...). Tengo una manera de ser, de entrenar y de jugar, y no he visto esa proyección en el terreno de juego".


Años más tarde, durante la temporada 2015-16 llegaba al vestuario del Bernabeu otro entrenador con ADN madridista: Rafa Benítez. En una de sus primeras ruedas de prensa, Benitez afirma que "Cristiano Ronaldo no es el mejor jugador al que yo haya entrenado" y, por si fuera poco, viaja hasta Gales para entrevistarse con Bale. Los capitanes y el jugador portugués, víctimas de los celos, montaron en cólera. Y por si fuera poco, a Cristiano Ronaldo lo desplaza inicialmente de su posición para colocar ahí al galés. Las quejas del portugués no tardaron en llegar: criticas a su sistema de juego encorsetado, no invita a Benítez a la presentación de su documental, constantes desplantes en los partidos y entrenamientos, declaraciones polémicas a la prensa...

Además Benitez sentencia a varios jugadores (James, Jesé e Isco) por diversos motivos: poca actitud y profesionalidad los dos primeros, y por chocar con el último tras unas declaraciones. Se le criticaba por apostar por jugadores mucho menos mediáticos pero mucho más solidarios y comprometidos, como Casemiro o Lucas Vázquez, en lugar de los citados. 

Uno de los ayudantes de Rafa Benítez, Antonio Gómez, asegura que "los jugadores no hacían caso al entrenador, pero no de ahora, sino desde la primera jornada de liga cuando empatamos con el Sporting 0-0. Mientras Rafa hablaba y daba instrucciones en el vestuario, algunos jugadores miraban hacia abajo, se tocaban el codo y se reían...algo que yo no había visto jamás".

Con semejante panorama, la situación estaba muy clara. Se repetía la misma historia de Camacho. Destitución, palmadita a los jugadores y patada al entrenador. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Fútbol y valores

FÚTBOL Y VALORES

Thierry Henry, uno de los futbolistas franceses más sobresalientes de las últimas décadas, realizó unas sorprendentes declaraciones al diario The Guardian, allá por el 2/12/2014.



"En Mónaco, cuando no centraba buenos balones a Sonny Anderson o Mickael Madar (los delanteros titulares por aquel entonces, que posteriormente jugarían en el FC Barcelona y Deportivo de la Coruña respectivamente), y ellos remataban por encima de la valla de alambre de La Turbie (campo de entrenamiento del Mónaco), adivinen quien tenía que ir a buscar la pelota: David Trezeguet y yo".

"Incluso después de haberme convertido en campeón del mundo, Tigana (entonces entrenador del AS Mónaco) me pidió cargar con los petos para el entrenamiento. Había varios hombres y una mujer allí que se me ofrecieron para llevarlos, pero Tigana dijo: "No no, le toca a los jóvenes hacerlo". "



"Cuando yo era un joven jugador en el primer equipo del AS Mónaco, no había nombres en  las taquillas. Esperaba hasta que llegasen todos los del primer equipo y encontraban un lugar para sentarse. En el autobús del equipo, cuando nos íbamos a las 10 de la mañana, acudía hasta dos horas antes para asegurarme de no perderlo. Me quedaba allí durante dos horas a la espera y no me sentaba hasta que me decían que podía hacerlo."

"Es una pena que estos valores desaparezcan. Estamos perdiendo algo. Convertirse en profesional no es algo que se le debe a alguien. Cuando yo era más joven, era yo el que iba a saludar a todos los profesionales. Hoy en día es casi al revés"

"Empecé a recibir masajes cuando tenía 21-22 años. Si Tigana nos veía en la mesa de masaje nos decía: "¿Qué estas haciendo aquí?, ¿Dónde te duele? ¿Su espalda? ¿Usted ha jugado cinco segundos en la Ligue 1 y está dolorido? Vaya a entrenar, vaya a correr y deje su sitio para Franck Dumas o Enzo Scifo." Tenía razón,